Los fraudes


Por Daniel Morales

09/07/2012



Una de las ideas más importantes que debe aprender un joven científico es que nuestras habilidades innatas de razonamiento y cálculo no son adecuadas para entender los fenómenos de nuestro mundo. Esas habilidades son el resultado de un proceso de evolución que creó a un ser adaptado exquisitamente a un estilo de vida de cazadores y recolectores, no al infinitamente más enredado estilo de vida actual. Es otras palabras, tus intuiciones no sirven. Tus cálculos personales ante alguna situación, lo que "se siente correcto", no tienen ninguna validez hasta que no sean puestos a prueba contra la evidencia. Eso es la ciencia, el instrumento que creamos los seres humanos para vencer la inherente miopía que, de no ser corregida, nos llevaría por avenidas catastróficas. Desde el pasado domingo he estado deseando que más mexicanos conocieran este importante concepto, cuya implicación inmediata es la necesidad de analizar las pruebas para saber si algo ocurrió o no, independientemente de qué se siente como realidad.

Estoy hablando, por supuesto, de las elecciones presidenciales. Resulta que un sector de la población se siente inmensamente triste, desesperanzado, usado y violado, por culpa del resultado de estos comicios. Una parte (que parece ser una minoría) de este grupo cree que el resultado de las elecciones no fue favorable para su candidato favorito no porque el ganador haya logrado convencer a más votantes, sino porque los resultados fueron ilícitamente fabricados. En pocas palabras, dicen estar seguros de que el domingo su candidato recibió más votos que el candidato ganador. Su candidato, sin embargo, no obtuvo su merecida victoria porque se produjo un fraude. Podemos llamar a este escenario el "fraude agudo". ¿Por qué están seguros de esto? Porque dicen no conocer a una sola persona que apoyaba al ganador. ¿Cómo puede ser posible ese resultado, entonces? ¿Cómo pudo ganar Enrique Peña Nieto si se siente tan claramente que nadie lo quiere? La explicación, naturalmente, es que vivimos en un país de ciento doce millones de personas, y que tus intuiciones no sirven para ese análisis.

La evidencia parece indicar que el Instituto Federal Electoral verdaderamente hizo un esfuerzo por organizar elecciones democráticas en un país plagado de chapuza. El IFE orquestó la organización de dos millones de ciudadanos para la recaudación, conteo y vigilancia de los votos. Además, implementó mecanismos de seguridad de vanguardia tecnológica que, importantemente, no tendrían que estar ahí necesariamente. Ya se han discutido en este y otros medios las impresionantes herramientas de transparencia que el IFE utiliza para asegurar que la elección sea lo más limpia posible, en el contexto de un país como México. Por esta razón creo que el escenario del fraude agudo es muy improbable. Aunque no sostengo que el IFE sea perfecto (ni cerca), anunciar sin pruebas duras que fabricó los resultados es muy dañino para México, es francamente un acto irresponsable y es intelectualmente deshonesto.

Cabe decir que, siguiendo buena práctica científica, si sale a la luz evidencia que soporte al fraude agudo (desaparición del conteo de millones de votos a favor de algún candidato, o algún pago directo del PRI al IFE, por ejemplo), entonces adelante con los machetes. Aux armes, et caetera. Mientras no haya, pues no. Tus intuiciones no tienen validez.

Muchos lectores estarán pensando que he construido a un "hombre de paja", que no existe tal mexicano que cree en el fraude agudo. Qué bueno. Espero que realmente sea una minoría, pero las redes sociales indican que sí existe y que podrían tener un impacto en la incipiente vida democrática de México, especialmente si candidatos o líderes políticos deciden unirse a su lucha. Por el contrario, la gran mayoría de inconformes no creen en el fraude agudo y aceptan que Peña Nieto efectivamente recibió más votos que cualquier otro candidato. Sin embargo, creen que la manera en la que se consiguieron esos votos constituyó una serie interminable de violaciones a la ley y a la ética, que se extienden al menos dos años hacia atrás. Llamemos a este escenario el "fraude crónico".

A diferencia de su hermano agudo, el fraude crónico sí cuenta con múltiples líneas de evidencia que lo soportan, desde videos exhibiendo la compra de votos hasta cuentas de gasto de campaña que superan los límites establecidos por la ley. Aunque es altamente probable que todos los partidos en algún punto cometieron actos ilícitos, o al menos actos que demostraron poca ética, en su búsqueda por obtener los votos de la ciudadanía, el PRI es el partido que más acusaciones ha recibido. El mismo Andrés Manuel López Obrador, quien obtuvo el segundo lugar en las votaciones, ha dicho: "si se limpian los votos que fueron comprados, ganamos con bastante margen". López Obrador parece estar sugiriendo que lo que le costó la victoria fue un fraude crónico, no agudo. La lista de irregularidades sigue creciendo a la par con la desesperanza de un amplio (este sí bastante amplio) sector de la población. A la luz de todo esto, ¿qué hay por hacer?

Los números oficiales indican que Peña Nieto recibió más de tres millones de votos sobre la cantidad que recibió López Obrador. Ciertamente es posible que sin la chapuza electoral del PRI, sería Obrador quien estaría recibiendo llamadas de felicitaciones de la Casa Blanca. O quizás no. Lo que no es posible es regresar el tiempo y evitar que se realicen las chapuzas. Las chapuzas ya fueron, y ya afectaron a los votantes. Si anulan la elección y la repiten, puede que el resultado no cambie, pues la opinión de la población ya fue influenciada por actos legales e ilegales de campaña. Muchos insisten que, cambie o no el resultado, las elecciones que vivimos fueron sucias, y por mero principio democrático debemos anularlas y convocar otro ejercicio electoral. Excelente punto. Demostraríamos una madurez democrática impresionante, pero sería económicamente costosísimo para la nación. A ver qué deciden en el tribunal.

Es indiscutible que la sombra lúgubre del fraude crónico oscurece todo el proceso electoral que está a punto de completarse. Es un problema extenso y complejo que involucra actos que son muchas veces microscópicos para la vista de ave de la ley electoral, pero que sumados tienen un gran impacto sobre los resultados. Evidentemente como mexicanos debemos trabajar para que este tipo de fraude sea cada vez más difícil de lograr, como lo hemos hecho con el fraude agudo. Para ello debemos identificar clara y racionalmente los problemas que existen, para poder enfocarnos en ellos y no perder tiempo con los que no. Hagamos mejores leyes de transparencia de gastos de campaña, creemos mejores sistemas de vigilancia, luchemos para que México deje de ser un país en el que una despensa vale más que un voto. Hay todavía mucho por hacer para mejorar la vida democrática del país, pero para guiarnos debemos usar la razón, no la intuición.

¡Buena suerte México!

Daniel Morales es genetista por la universidad de Melbourne, y cuenta con una maestría en neurociencias por la universidad de Sydney. Actualmente cursa estudios de doctorado en neurobiología en la universidad de McGill, en Canadá.